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Adaptación y acumulación: Desafíos, contradiccionese implicaciones para la gobernanza territorial en el Corredor Seco Centroamericano

17.02.2014

Por: Andrew Davis y Oscar Díaz


Las zonas del Corredor Seco de Centroamérica (CSCA) son cada vez más vulnerables a los impactos del cambio climático. Estas regiones enfrentan una gran variedad de amenazas, como: cambios en la temperatura; nuevos patrones en la precipitación temporal y espacial de las lluvias; sequías y eventos extremos intensos, que dejan destrucción en cultivos, infraestructuras, viviendas y que generan costos elevados para los gobiernos. 

Los altos niveles de degradación de los recursos naturales y servicios ecosistémicos en la región son causa del crecimiento desordenado de los espacios urbanos y las prácticas agrícolas degradantes (que incluyen la demanda de recursos hídricos, pesticidas y fertilizantes) que han predominado en el último quinquenio.

Los pequeños productores fueron desplazados hacia las laderas y pendientes, cultivando en parcelas cada vez más limitadas e improductivas, viéndose obligados a avanzar sobre la frontera agrícola, hacia los bosques en las cuencas altas, llegando a un ciclo vicioso de deforestación, degradación de suelos, menor retención de agua, mayor riesgo de inundaciones y deslizamientos, pérdida de rendimiento de cultivos, intensificación de la inseguridad alimentaria, migración, deterioro de la cohesión social en los territorios y acentuación de la vulnerabilidad.

Así, las amenazas del cambio climático constituyen un factor que acentúa la vulnerabilidad regional, poniendo en alto riesgo los medios de vida de los pequeños productores, la producción de granos básicos, tanto para la subsistencia, como para la comercialización nacional y regional, atentando contra la seguridad alimentaria de toda la región. 

La predominancia de una topografía irregular, con pendientes pronunciadas, el territorio con un alto riesgo de inundaciones y deslizamientos, y el origen de los eventos extremos provenientes de ambas costas del istmo (a diferencia de décadas anteriores que provenían, principalmente, del mar Caribe) son factores que propician que los impactos sean cada vez con mayor frecuencia y duración.

Esta realidad plantea la necesidad de respuestas urgentes y decisivas hacia una transformación masiva de las prácticas agrícolas y de producción en la región Centroamericana, en particular en el CSCA, el cual necesita una restauración de los recursos naturales y servicios ecosistémicos clave para la adaptación.