REVALORIZANDO COMUNIDADES Y TERRITORIOS

Mitigación basada en la Adaptación: Enfrentando el cambio climático en El Salvador y Centroamérica

23 de febrero de 2015

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Elaboración del reporte:

Rafael E. Cartagena, Nelson Cuéllar, Susan Kandel,

Ileana Gómez, Fausto Luna y Oscar Díaz (SIG)

Centroamérica es una de las regiones más vulnerables frente al cambio climático. La mayoría de los países de la región cuentan con una alta densidad de población en las zonas más vulnerables a las variaciones climáticas extremas, con tasas de deforestación y degradación por encima de los promedios de América Latina. Esto es particularmente evidente en la vertiente pacifica de la región, donde también están ubicadas las principales actividades económicas y redes urbanas. Estas condiciones contribuyen directamente a exacerbar los impactos negativos de los fenómenos climáticos destructivos, que afectan a un porcentaje crecientemente significativo de la población, de los paisajes y de la economía.

Los gobiernos de la región están tratando de responder a esta nueva realidad mediante el diseño e implementación de políticas y programas, tratando de vincularse con esfuerzos internacionales para ayudar a las comunidades que viven en los paisajes más vulnerables a fortalecer su capacidad de resiliencia y adaptación a los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes y perjudiciales.

En este contexto, El Salvador es un país que ha llegado a su límite en términos de la degradación de sus ecosistemas. En El Salvador la frontera agrícola se agotó a mediados del siglo pasado y los niveles de degradación ambiental se generalizaron y profundizaron durante las décadas recientes como resultado de las estrategias de crecimiento económico y la acelerada urbanización. En la escasa cobertura arbórea del país hay un fuerte predominio de las zonas cafetaleras, un sistema de producción que requiere árboles de sombra; el resto de la cobertura está representada por reducidas y dispersas áreas de bosque, que son la base del sistema de áreas protegidas del país, incluyendo ecosistemas críticos y amenazados como los bosques de manglar. La severa degradación ambiental ha magnificado la vulnerabilidad frente a la variabilidad y los eventos extremos asociados con el cambio climático. Entre 2009 y 2011, los impactos de diversas depresiones y tormentas tropicales ocasionaron pérdidas y daños equivalentes al 6% del PIB. Por otro lado, los períodos prolongados sin lluvias también están afectando la agricultura: sólo en 2014, la incidencia de la sequía significó la pérdida del 20% o más de la cosecha esperada de maíz. Al respecto, es relevante comprender que tres cuartas partes del territorio salvadoreño constituyen diversos agroecosistemas, cuyo manejo es determinante para la producción agropecuaria, pero también para la provisión de servicios ecosistémicos (SE) fundamentales (MARN.